
Anda un amigo mío algo agitado en los últimos tiempos con el juicio político al Señor Jiménez Losantos. Mi amigo, de siempre en la izquierda ideológica, coquetea últimamente con el liberalismo, aunque es un coqueteo muy “sui generis”, la verdad. La prueba está en el ahínco con que defiende que el Señor Jiménez Losantos ha de ser condenado, que ha cometido terribles injurias, etc…
En un comentario a anterior artículo mío en este blog, realiza (quizá sin darse cuenta) una defensa de la censura que me parece antológica. Y como iba a rebatirle únicamente a él; he pensado que mejor elevar esa réplica a la categoría de artículo, en aras al enriquecimiento con este debate de aquel que lo quiera seguir.
Afirma mi “colega” que el artículo 20 de la Constitución Española no ampara la libertad de opinión, sino únicamente el “derecho a comunicar o recibir libremente información veraz”. Ya vemos aquí, de entrada, su malicioso juego, divididos en dos frentes:
1) Se le olvida decir que en el mismo artículo, pero un poco más arriba (quizá tenga un agujero en su ejemplar de la Constitución, o sea uno de esos que pusieron en los buzones en el 78, y que ya anda algo raído; en cuyo caso estoy dispuesto a cederle uno amigablemente) se reconoce y protege el derecho, y pongo textualmente, “a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción” ¿Pero cómo omitir este trocito, “briboncete”? ¡Además, a un periodista como usted no le queda bien, hombre…!
2) Nos otorga mi “colega” el derecho a la información veraz. Ahí es donde parece moverse mi amigo cómodamente. Y…, como reza la opera… ¿Qué es la verdad? ¿Acaso es una ley? ¿es tu verdad? ¿O mi verdad lo es…? Lo malo es que luego sigue diciendo… ¡Crucifica! Y esto es lo que suele complacer a la izquierda y sus falacias. Dictar verdad, y el que no comulgue con ella; al paredón.
Continúa afirmando que su argumento es completamente liberal. ¿Y saben con que lo enlaza? Con sostener que las opiniones tiene que ser libres, pero en el ámbito de lo privado… Disculpe, hermano, pero… ¡Qué barbaridad! Ese argumento (se lo digo con cariño) tiene de liberal lo que yo de progre. ¡Y usted sabe bien cuanto es eso! Querer, y además afirmarlo literalmente (al menos he de reconocerle la sinceridad con la que muestra un argumento que la izquierda quiere aplicar pero vendiéndonos la cabra de la libertad), que las opiniones se restrinjan únicamente al ámbito privado; es volver a las etapas en las que se decía: “Hablar de política sólo en casa, eh…”
¿A qué queda reducido el derecho a dar opiniones libres que la Constitución consagra si se encierra en el ámbito de lo doméstico? (o en el bar, como dice usted…) ¿Quién reparte los salvoconductos para opinar, pues? Porque usted si que da a este blog el derecho a opinar (gracias…) Y esto no deja de ser un lugar público. Quizá con dos mil visitantes, mientras que la COPE tiene dos millones… Pero público al fin y al cabo.
Le ilustraré, ya que además usted siempre ha sido muy “internacionalista” (¡también afirmaron serlo el Che, Garibaldi, o el Batallón de San Patricio, oiga!) con el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, cuando afirma que: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión” La lástima es que les faltó decir: “Este derecho únicamente se reconocerá cuando las opiniones sean vertidas en casita y en voz baja” ¿No, compañero?
Mire, no me voy a andar por las ramas: a la izquierda la libertad de expresión nunca la ha gustado. Y sobretodo le incomoda cuando se utiliza para decir cosas que no le gustan. Y ahora me corrijo a mi mismo: su argumento (el de esconder las opiniones bajo techo) no es marxista. Es cierto. Es leninista y estalinista. Porque Marx, desde una perspectiva teórica, expresa de manera muy clara una concepción libertaria y rechaza cualquier restricción a la libertad de expresión. Sostiene que es inadmisible que los gobiernos o la ley limiten ese derecho fundamental del espíritu humano. Y dice textualmente: “No se puede esperar que una rosa huela de la misma manera que una violeta; entonces ¿Por qué razón debería el espíritu humano, el valor más importante que poseemos, existir de una sola manera?” (Quien me hubiera dicho que iba yo, a usted, a citarle a Marx)
Por tanto una cosa es el enfoque original de Marx con su carga libertaria general, que en forma un tanto discutible mantuvo en gran parte de su desarrollo teórico (y esto sería otro largo debate), y otra distinta son Lenin y Stalin. Y toda la rancia izquierda gobernante y mediática que nos toca vivir. Para Marx, el socialismo no estaba divorciado de la libertad (a su forma, claro, ya que ahí estaba la “dictadura del proletariado”, aunque él la concibiera como una etapa de rápida transición) Lenin y Stalin, sin embargo, son los cultores de la dictadura permanente, en nombre de una clase primero, luego bajo la dirección del partido, y por último una simple dictadura totalitaria y personalista.
Es evidente pues que quienes pretenden limitar, legislar, calificar o censurar la libertad de expresión no son seguidores de grandes pensadores, sino más bien de los grandes dictadores y déspotas de todas las latitudes. Ojala leyeran más, pensaran más, y de paso, hablaran menos.
Sin dejar de lado el que usted, al apoyar este juicio, apoya la intervención estatal en los medios de comunicación privados. Aunque me diga que no, sabe que indirectamente es eso lo que se está haciendo.
Afirma usted también que “la mayor parte de las acusaciones que el señor Jiménez Losantos difunde desde los micrófonos son, analizadas de forma aislada, susceptibles de constituir un delito de calumnias” Eso es rigurosamente falso. El delito de calumnias, tal y como lo recoge nuestro Código Penal (que esa es otra) en su artículo 205 es, “la imputación de un delito hecha con conocimiento de su falsedad o temerario desprecio hacia la verdad” Y que yo sepa, Don Federico no imputa delitos (y lo escucho a diario) Y que yo sepa, afirmar que el alcalde de Madrid (otro amante de la libertad…) no quería desde sus intereses políticos que se siguiese investigando la masacre del 11-M no es una imputación de delito.
Pero es más, querido, ni siquiera es una injuria. Una injuria habría sido decir que tiene seis amantes, cuatro hijos secretos, que es un golfo, un vividor y un caradura; y que además fuese mentira. Pero no es injuria opinar sobre su actuación política. Porque para eso, querido amigo, esta un comunicador; y para aguantarlo un político. Y si no, a salesiano…
¿Cuántas querellas debería poner el propio Don Federico viendo la 1, la 4, la 5 o la 6? ¿Cuántas escuchando a Gabilondos, Maria Antonias, Sopenas y demás amantes de la libertad? Encima hablando de él, que es otro periodista. Y eso sí que no es noticia. O no debería serlo. Y parece mentira que sea yo quien deba recordárselo. Al fin y al cabo yo no he estudiado periodismo, y usted sí.
¿Pues no oí hace unos días como la insoportable Maria Antonia Iglesias pedía prisión para Losantos? ¡Qué ganas tienen de que seamos Cuba! ¡Y al final lo van a conseguir!
¿Cuántas querellas debería poner la Iglesia Católica a los graciosillos de La Sexta y su “Salvados por la Iglesia”? Porque además ahí está medio Código Penal. El 205, el 208, el 209… Pero también el 525… Sí, sí; léalo.
Aquí solo se dilucida una cosa. Lo irreconciliable de dos posturas. La de los que amamos la libertad y nos da urticaria las cortapisas a la misma, y más si vienen del poder; y la de quienes tienen la boca llena de democracia pero no dejan de ser los de siempre: enemigos de lo libre, temerosos de la verdad, y progresía de tres al cuarto. Lo demás son zarandajas.
Dicho esto; gracias por su análisis (aunque para mí equivocado de cabo a rabo, argumentado y trabajado); y espero seguir contando con sus opiniones. Aquí, en mi casa, siempre habrá derecho de opinión. Quien sabe si por ello me veré también en un banquillo…
Y si a usted le gusta el vino;